Trump, el diésel y la vulnerabilidad de México

2026-09-25 04:28:29 - MUNDO

El verdadero motor de la economía usa diésel. Para una mayoría, nuestra relación con este combustible pasa por aborrecer el humo de su combustión y su olor penetrante, pero es el insumo transversal que mueve el transporte de carga, la maquinaria agrícola, los trenes y la logística de la última milla. Si los aumentos en los precios de las gasolinas, Magna y Premium, alteran nuestras finanzas de manera directa, un desorden en el mercado del diésel puede paralizar cadenas completas de suministro y encender las alarmas económicas.

En Estados Unidos, el mercado de ese combustible atraviesa un momento complicado porque, a diferencia de la gasolina, cuyos inventarios se han mantenido estables, la producción de los llamados destilados medios enfrenta presiones estructurales: una capacidad de refinación ajustada, restricciones ambientales y una demanda industrial constante y robusta.

Los precios del diésel en Estados Unidos alcanzaron máximos históricos y eso afecta los balances de costos, lo cual resulta crítico en los titulares de los noticieros a tan solo 39 días de las elecciones intermedias. Ante el descontento social Donald Trump no se va a rendir ante Irán; más bien coquetea con la idea irracional de restringir o poner cuotas a las exportaciones de los combustibles para contener los precios internos.

El consenso entre los analistas de energía en Wall Street, consultores de ese mercado y firmas de análisis macroeconómico es que las probabilidades de un embargo absoluto a las exportaciones de diésel de Estados Unidos van de 10 a 15 por ciento. Sin embargo, las restricciones parciales, cuotas temporales o la suspensión de algunas licencias de exportación sí alcanzan una probabilidad de 40 por ciento.

Explican los expertos que no es por una consideración hacia el mundo, sino que al restringir las exportaciones, los tanques de almacenamiento de Texas y Luisiana se llenarían en pocas semanas y eso obligaría a recortar la producción de productos como la gasolina o la turbosina; con ello se genera un efecto búmeran al provocar desabasto e incremento en el precio de esos otros combustibles dentro de Estados Unidos.

Como sea, la posibilidad existe y genera nerviosismo por la validez de una frase muy sencilla: "Con Donald Trump nunca se sabe". Para México, este escenario representa una vulnerabilidad crítica. El país consume alrededor de 350,000 barriles diarios de diésel, pero la mala conducción de la política de refinación lleva a que se tengan que importar siete de cada 10 litros que se despachan y 80% de las importaciones de este destilado medio proviene directamente de Estados Unidos.

Incluso ante la presunción de la 4T de que ahora México es dueño de una refinería en Texas –Deer Park–, al operar bajo las reglas estadounidenses, ésta estaría sujeta a las mismas disposiciones federales de exportación.

El pararrayos de los efectos inflacionarios corre con cargo a las finanzas públicas: la Secretaría de Hacienda renuncia al IEPS, de 7.36 pesos en cada litro de diésel, y aplica un subsidio directo de 1.84 pesos por litro esta semana; en total, 390 millones de pesos diarios. Pero si el escenario de cuotas o restricciones de Estados Unidos se concreta, sería muy difícil cubrir esa vulnerabilidad que combina la falsa soberanía energética con un socio poco solidario con su principal proveedor de mercancías.

Los precios del diésel en Estados Unidos alcanzaron máximos históricos y eso afecta los balances de costos, lo cual resulta crítico en los titulares de los noticieros a tan solo 39 días de las elecciones intermedias.

Fuente: google.com
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