Brasil elige presidente en una elección muy polarizada. Los resultados también se sentirán en EE.UU. y otros países

2026-10-03 13:03:29 - MUNDO

Millones de brasileños votarán el domingo en una elección general que definirá al presidente del país en medio de escándalos de corrupción, una profunda polarización política y un creciente desgaste del electorado, con dos bandos políticos ya conocidos volviendo a dominar la contienda presidencial.

Entre los favoritos de la carrera están el presidente izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva y el senador de derecha Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente encarcelado Jair Bolsonaro, quienes representan caminos distintos para Brasil.

"Son dos visiones competidoras de cómo debería verse el país y cómo debería verse América Latina", dijo a CNN Brian Winter, editor en jefe de Americas Quarterly y vicepresidente de política en Americas Society/Council of the Americas.

El voto es obligatorio para la mayoría de los adultos en el quinto país más grande del mundo y la participación suele ser de las más altas de las Américas.

La decisión que enfrentan los brasileños va mucho más allá de la política interna y podría reconfigurar la forma en que Brasil se posiciona en el escenario global. El resultado determinará si el país más grande de la región se inclina hacia un creciente bloque conservador alineado con el presidente estadounidense, Donald Trump, o si continúa con la búsqueda de Lula de una política exterior multipolar.

Lula, de 80 años, busca un cuarto mandato, probablemente el último. Gobernó Brasil de 2003 a 2010 y regresó a la presidencia en 2023 tras un notable regreso político: Lula pasó 580 días en prisión por condenas de corrupción que la Corte Suprema de Brasil anuló posteriormente en 2021, restableciendo sus derechos políticos, antes de derrotar al entonces presidente Jair Bolsonaro en la elección de 2022.

Lula está empatado técnicamente con Flávio, quien busca dar continuidad al movimiento político construido en torno a su padre. Jair Bolsonaro, actualmente bajo arresto domiciliario humanitario por motivos de salud, tiene prohibido postularse y cumple una condena de 27 años tras ser declarado culpable de intentar un golpe de Estado para revertir su derrota electoral de 2022.

Las encuestas muestran, como sucedió en las elecciones de 2022, un país aún partido. Hace cuatro años, Lula venció a Jair Bolsonaro con apenas 50,90% de los votos válidos frente a 49,10%, la elección presidencial más reñida de Brasil desde el regreso de las elecciones directas en 1989.

Esta composición de fotografías de archivo, realizada el 15 de agosto de 2026, muestra al presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, en el Palacio de Planalto, en Brasilia, el 22 de julio de 2026; y al senador brasileño y aspirante a la presidencia Flávio Bolsonaro en Brasilia, el 22 de junio de 2026. - SERGIO LIMA,EVARISTO SA/AFP/AFP via Getty Images

En una encuesta de Quaest publicada el lunes, Lula tiene 39% en la primera vuelta y Flávio, 34%. A ambos los siguen otros cuatro aspirantes presidenciales: el psiquiatra centrista y autor de bestsellers Augusto Cury está empatado con el exgobernador derechista de Goiás Ronaldo Caiado, con 4%; Renan Santos, fundador derechista del Movimento Brasil Livre, tiene 3% en la encuesta; y Romeu Zema, el exgobernador de Minas Gerais de tendencia liberal en lo económico y de derecha, tiene 1%.

Si ningún candidato obtiene más de la mitad de los votos válidos el domingo, los dos más votados avanzarán a una segunda vuelta el 25 de octubre.

En la relación con el mundo, Lula defiende una política más multipolar: apuesta a las relaciones de Brasil con el Sur Global, a través del bloque BRICS, que incluye a China, Rusia e India, mientras distancia al país de Estados Unidos.

Esa postura se refleja en los datos oficiales de comercio de Brasil, que muestran que China es actualmente, por amplio margen, el principal destino de las exportaciones brasileñas.

La relación de Lula con Trump se ha vuelto más tensa a medida que Brasil quedó atrapado en la agenda arancelaria y en la política de Estados Unidos hacia el crimen organizado en América Latina. Esa fricción le dio a Lula otra bandera de campaña: la soberanía.

El primer punto de tensión llegó en 2025, cuando Trump impuso un arancel adicional del 40% sobre productos brasileños, elevando los gravámenes al 50%, citando explícitamente lo que su administración calificó como persecución políticamente motivada contra Jair Bolsonaro.

Este año, Washington sumó un arancel del 25% por prácticas comerciales consideradas injustas y otro del 12,5% por una presunta aplicación insuficiente de las prohibiciones al trabajo forzoso. Lula rechazó las medidas, redobló el discurso de soberanía y amenazó con represalias, aunque en septiembre dijo que las dejaría en suspenso mientras continúen las negociaciones con Washington.

El tema ha resonado especialmente entre votantes indecisos que se inclinan hacia la derecha y adoptan ideales nacionalistas. "Algunos han bromeado con que el activista de campaña más eficaz a favor de Lula ha sido Donald Trump", dijo Winter. "Los aranceles y los otros esfuerzos por interferir en la política de Brasil, en su mayoría, han tenido el efecto contrario y han ayudado a Lula".

Lula llevó ese argumento al escenario mundial durante la Asamblea General de las Naciones Unidas, en septiembre. "Brasil no es el patio trasero de nadie", dijo, mientras acusaba a "algunos políticos brasileños" de alinearse con intereses extranjeros contrarios a los del propio país, comentarios ampliamente interpretados como dirigidos a Flávio Bolsonaro.

La división también se extiende a otras relaciones: dos días después del discurso de Lula ante la ONU, diplomáticos brasileños se sumaron a representantes de varios países que abandonaron el recinto cuando el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, comenzó su discurso, en medio de las crecientes críticas de Lula a la actuación de Israel en Gaza.

Flávio Bolsonaro ha adoptado un enfoque marcadamente diferente, cultivando vínculos con Netanyahu, Trump y otros líderes con quienes Lula ha tenido enfrentamientos. Cuando Flávio lanzó su campaña en julio, Netanyahu apareció en video para respaldarlo. En mayo, Bolsonaro se reunió con Trump en la Oficina Oval para hablar sobre crimen organizado, aranceles y minerales críticos y, al día siguiente, se reunió con Vance y Rubio.

El presidente argentino, Javier Milei, un libertario y antiguo aliado de la familia Bolsonaro cercano a Trump, viajó a Brasil en julio para respaldar la campaña de Flávio, calificando a Lula de "convicto" y al gobierno de "socialistas ladrones", lo que llevó a Brasil a llamar a consultas a su embajador en Buenos Aires.

Esto ocurre mientras el mapa político de América Latina se ha desplazado hacia la derecha tras elecciones extremadamente cerradas: Abelardo de la Espriella ganó por un estrecho margen las elecciones presidenciales de Colombia en junio y Keiko Fujimori ganó la segunda vuelta de Perú semanas después por aproximadamente una décima de punto porcentual.

"Una victoria de Flávio Bolsonaro consolidaría este giro hacia la derecha que hemos visto en gran parte de América Latina durante los últimos dos años", dijo Winter, señalando que muchos de los gobiernos de derecha de la región están alineados con Trump en temas de seguridad y política antidrogas.

Javier Milei acompaña a Flávio Bolsonaro durante el lanzamiento de su candidatura presidencial en São Paulo. - NELSON ALMEIDA/AFP/Getty Images

Esas alianzas se cruzan con la preocupación más inmediata de los votantes: el crimen. En una encuesta de Quaest de septiembre, la violencia fue el problema citado con mayor frecuencia por los brasileños como su principal preocupación, seguida de la corrupción y la economía.

"La seguridad y el crimen han sido los principales temas que han llevado a la derecha latinoamericana a ganar 13 de las últimas 16 elecciones presidenciales en América Latina", dijo Winter, señalando que los robos, las extorsiones y el hurto de teléfonos celulares siguen influyendo en la percepción de inseguridad de los brasileños, incluso mientras las tasas de homicidios han caído durante la última década.

Al igual que su padre, Flávio hace de la mano dura contra el crimen un eje central de su campaña, defendiendo la designación de las principales facciones criminales como organizaciones terroristas, la construcción de nuevas prisiones federales y la reducción de la edad de responsabilidad penal a 16 años.

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"La marca de la familia ha tenido éxito sobre todo porque se los percibe como intolerantes frente al crimen", dijo Winter, aludiendo al característico gesto de pistola con la mano de Jair Bolsonaro.

Durante su viaje a Washington en mayo, Flávio instó a la administración Trump a clasificar a las dos organizaciones criminales más poderosas de Brasil como grupos terroristas; Estados Unidos anunció días después que la designación entraría en vigor en junio.

El gobierno de Lula se opuso a la medida, advirtiendo que aplicar un marco de terrorismo a grupos criminales brasileños podría convertirse en un pretexto para una intervención extranjera.

Los brasileños también enfrentan una desaceleración económica y persistentes problemas relacionados con el costo de vida. Los principales indicadores muestran un desempleo bajo y una inflación moderándose, pero la percepción sobre las finanzas de los hogares es mucho menos positiva. "La economía está bien, pero la gente siente que su salario ya no alcanza como antes", dijo Winter. "Sienten que su nivel de vida ha empeorado, incluso cuando a veces las estadísticas oficiales cuentan una historia diferente".

El endeudamiento de los hogares alcanzó un récord del 82%, con casi el 30% de las familias atrasadas en sus pagos, según la Confederación Nacional del Comercio, una presión económica que también ha llevado el crecimiento explosivo de las apuestas en línea al centro del debate político.

El 25 de septiembre, Lula firmó una medida provisional que prohíbe las apuestas deportivas de cuota fija en todo el país, dando marcha atrás después de que su propio gobierno regulara el sector dos años antes, exigiendo a las empresas pagar aproximadamente R$30 millones cada una en tarifas de licencia. La medida, abrupta y a solo nueve días de la elección, provocó protestas de los inversionistas, pero estuvo guiada sobre todo por un debate interno sobre su atractivo electoral, según información de CNN Brasil.

La prohibición también subraya hasta qué punto la marca política de Lula sigue identificada con la movilidad social y la reducción de la pobreza. Durante sus primeros dos mandatos, entre 2003 y 2010, la economía brasileña creció alrededor de un 4% anual en promedio, mientras la pobreza y la desigualdad cayeron drásticamente; el PIB creció un 7,5% solo en 2010, su último año en el poder.

Pero, esta vez, muchos votantes tienen dificultades para percibir un avance similar. "El progreso no se ha sentido de manera ni remotamente tan generalizada como durante sus primeros dos mandatos", dijo Winter.

Flávio enfrenta un desafío distinto: heredar un movimiento que sigue centrado en su padre mientras intenta presentarse como un candidato con identidad propia. "Flávio Bolsonaro no es el Bolsonaro por el que la mayoría de los votantes de derecha originalmente quería votar", dijo Winter. "Claramente es el miembro más moderado de la familia, y eso puede darle atractivo entre los votantes indecisos, pero también significa que no genera el mismo entusiasmo que su padre".

La votación llega en un momento de profunda polarización entre el electorado, que se moviliza más lentamente que en contiendas anteriores. "La polarización sigue organizando la carrera, pero está movilizando al electorado con menos intensidad", dijo Felipe Nunes, politólogo y director ejecutivo del instituto de encuestas Quaest.

Winter la describió como una "polarización apática". "La gente todavía lleva puesta la camiseta de su equipo, políticamente hablando", dijo. "Pero lo hace sin mucho entusiasmo".

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Eso contrasta con las dos últimas elecciones de Brasil. Bolsonaro llegó al poder en 2018 en medio de la recesión, la criminalidad y las secuelas de un amplio caso de corrupción centrado en un esquema de sobornos en la petrolera estatal Petrobras, que implicó a políticos y empresarios de todo el espectro político y dañó gravemente al Partido de los Trabajadores de Lula.

Para 2022, Lula venció por poco margen a Bolsonaro en medio de críticas a su manejo de la pandemia y temores por la democracia del país.

Gran parte de ese cansancio se remonta a una sensación de desesperanza frente a la corrupción sistémica.

Durante meses, Brasilia ha estado consumida por las investigaciones en torno al colapso del banco brasileño Banco Master y su exdirector ejecutivo Daniel Vorcaro, cuyas relaciones se extendían por los círculos políticos, financieros y judiciales de Brasil.

El ministro del Supremo Tribunal Federal Alexandre de Moraes se ha convertido en una figura central del escándalo. Presentado durante mucho tiempo por los partidarios de Bolsonaro como alineado con Lula por su papel en las investigaciones que llevaron a la condena del expresidente por intento de golpe de Estado, Moraes le dio a Flávio una oportunidad temprana para atacar a uno de los principales adversarios del bolsonarismo. El tribunal analiza si debe investigar denuncias de que Moraes asesoró a Vorcaro mientras este intentaba salvar a Master del colapso, mientras un bufete de abogados dirigido por la esposa de Moraes mantenía un contrato de tres años por R$131 millones —unos US$25 millones— con el banco. Moraes niega haber cometido irregularidades; una decisión sobre la apertura de una investigación formal fue aplazada en septiembre.

Pero a medida que los investigadores revisaron los mensajes de Vorcaro, el escándalo alcanzó también la campaña de Flávio. Ahora está bajo investigación por supuesta corrupción y lavado de dinero relacionados con el financiamiento que Vorcaro proporcionó a "Dark Horse", una película sobre Jair Bolsonaro. Flávio ha negado haber cometido irregularidades.

Winter dijo que el escándalo podría estar reforzando el descontento con el sistema político en lugar de beneficiar claramente a uno de los lados: "Refuerza el rechazo y la apatía que los brasileños sienten hacia su sistema político en su conjunto".

Para Bruno Brandão, director ejecutivo de Transparencia Internacional Brasil, el problema va más allá de Banco Master. "Un lado solo se preocupa por la corrupción del otro y cierra los ojos ante la corrupción de quienes están en su propio campo político", dijo Brandão a CNN, argumentando que la polarización dificulta mantener una presión sostenida por la rendición de cuentas. También señala un cambio estructural: presidentes debilitados por crisis sucesivas han cedido cada vez más control sobre el gasto al Congreso, lo que hace especialmente relevantes las elecciones legislativas simultáneas de este año, que determinarán con quién tendrá que gobernar el próximo presidente.

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Fuente: cnn.com
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